Historia de la tuna

Hace mucho, mucho tiempo en un bar muy muy lejano (y bastante sucio), un grupo de alegres muchachuelos decidieron refundar la Anfibia, Culta, Tradicional, Universal y Mujeriega Tuna Universitaria de Magisterio de Santander (ACTUM). Bajo las enseñanzas de un gran maestro cuyo nombre se pierde en el tiempo fuimos poco a poco perfeccionándonos en el arte de regular tañer el instrumento (musical), mejor comer y beber, y superior tañer el otro instrumento. Además nos acostumbramos enseguida a la vida nómada del antiguo juglar y hoy, nos orgullecemos en afirmar que salvo la de la Verde Erín todas las capitales de la vieja Europa fueron holladas en algún momento por algún miembro, nunca mejor dicho, de nuestra Tuna, dejando a nuestro paso congoja en los mesoneros, alegre regocijo en las mesoneras, melancolía y suspiros en las féminas y envidia en los manolos.

Sin embargo no nos gusta, como hacen otros, vanagloriarnos de los premios y menciones recibidas, por ser tanto y tan reconocido nuestro dominio musical y nuestra elegante y sobria (sí, muy sobria) presencia en los escenarios, que suele producir recelo en quien escucha nuestros innumerables logros.

Así con los años hemos forjado nuestro carácter hasta convertirnos en amigos de nobles y plebeyos, amantes de doncellas de todas las alcurnias y estofas, envidia de artistas y trotamundos, enemigos de serenos y bellacos, amigos de posaderos y admiradores de posaderas, buscadores de dadivosos en el pecunio y dadivosas con su virtud, agradecidos en los loores y los laureles, ejemplo de hidalgos y pardales y, en general, unas gentes que merece la pena conocer.

Y nunca olvidamos estudiar como si fuésemos a vivir siempre y vivir como si fuésemos a morir mañana.

Logan dixit

Aupa Tuna